Eli tiró de mí y me levantó de la cama.
- Vamos nos reuniremos con el resto de chicas en el comedor para decidir qué hacer – comunicó.
- Pero, ¿qué pasa aquí?
- Se acercan varios vehículos con matrícula del gobierno, están rodeando el internado. Es tarde para activar las medidas externas de seguridad, las han desactivado, pero no han caído en que tendríamos más alarmas – respondió Claudia mientras tecleaba más códigos en su ordenador.
Salimos corriendo hacia el comedor, donde nos encontramos a un montón de chicas en pijama, incluidos los profesores que revoloteaban de un lado a otro enfundados en ridículas batas.
Quizá no llegaba a entender la gravedad de la situación, pero el hecho de estar en Evest High me hacía sentirme tranquila y protegida.
- ¡Atención niñas! – gritó la señorita Jeffrey – se acercan un montón de furgonetas del gobierno que, desde luego, no han sido invitados, así que ¡es hora de defenderse! – nos sentamos en círculo, la señorita Jeffrey quedaba en medio con una pizarra – Kim – llamó, apareció una niñita rubia con aspecto angelical que no tendría más de diez años - ¿habéis seguido el protocolo y marcado un perímetro razonable?
- Sí, señorita Jeffrey. Nos estamos deshaciendo de los coches, así que tendrán que continuar a pie. Ahora mismo hay quince chicas colocando clavos y cristales rotos para pincharles las ruedas y tenemos a nuestra mejor lanzadora de tirachinas rompiendo las lunas delanteras.
- Bien, tardarán unos trece minutos en llegar. Tenemos que sacarle partido al terreno, este es nuestro internado, jugamos en casa, conocemos cada pequeño rincón. Nos centraremos en defender el edificio principal. Haremos tres grupos, según las habitaciones: el grupo uno serán las habitaciones del 1 al 50; el grupo dos serán del 51 al 100 y el grupo tres del 101 al 150. A cada grupo le acompañarán varios profesores que les ayudaran a realizar su objetivo – mientras nos hablaba escribía en pizarra palabras como “vestíbulo”; “ventanas comedor” o “piso arriba” – El grupo unos impedirá la entrada por el vestíbulo, el grupo dos atacará desde lo alto, desde las ventanas de las habitaciones y el grupo tres se quedará en el comedor por si decidieran entrar por las ventanas. ¿Está claro? ¡Pues todo el mundo a sus puestos!
Después de un gran alboroto, el internado se sumió en un absoluto silencio, todas estábamos tensas esperando el ataque, totalmente serias ante la posibilidad de que nos vencieran aunque teníamos claro que haríamos lo imposible para defender lo que era nuestro.
Me agarraba fuertemente a un bate de béisbol, ese tenso silencio me empezaba a poner nerviosa, me comenzaban a sudar las manos y varios escalofríos recorrían mi nuca. Supongo que así es como se sienten las gacelas cuando son atacadas por los leones: sienten el ataque, pero no saben por dónde les va a llegar el golpe… No, yo no soy una gacela, ella se rinden sin pelear esperando el fin, si algo he aprendido es que soy una leona, una leona llena de furia que va a presentar pelea.
Llamaron por los walkies, se estaban apropiando de la entrada… De repente se escuchó el ruido de cristal rompiéndose, eran las ventanas. Un montón de hombres vestidos de negro acababan de atravesarlas. Reaccionamos violentamente, nos arrojaos sobre ellos; aunque no era fácil, estaban bien entrenados y sabían cómo pelear. Cada vez aparecían más y más, pero teníamos un arma secreta. Ellos creían que no teníamos estrategia alguna, pero no se daban cuenta de los estábamos dirigiendo hacia el centro de la habitación. En ese momento la señorita Di gritó: “¡ahora!” y activamos la trampa. Chocaron unas espaldas contra otras y se escucharon varios gritos; estaban atados, unos a otros y sin ninguna posibilidad de movimiento. Habría pos lo menos 40 hombres atados.
Lauren les miraba desafiante, con el mismo orgullo que un pavo real al extender sus plumas, repitiendo una y otra ves: “¿qué?¿queréis más?¿no habéis tenido suficiente?”
La señorita Jeffrey apareció por la puerta anunciando:
- Tenemos todo controlado, estamos ganando en todos los sectores. Ahora sólo tenemos que averiguar – decía mientras se acercaba al grupo de hombres - para qué han venido hasta aquí – agarró con una mano la barbilla de uno de ellos, clavando con fuerza las uñas.
Clap, clap, clap. Lentos aplausos seguidos de pasos resonando a través de la estancia nos hicieron volvernos hacia la puerta del comedor. Un hombre de aspecto mustio se dirigía hacia nosotras, daba la impresión de que lo había observado todo. Su pelo, demasiado engominado, no se movía ni un ápice a medida que se acercaba nosotras, al contrario que su notable barriga.
- Un excelente trabajo. Mi querida señora Jeffrey, que gusto volver a verla.
- No puedo decir lo mismo, Frank. ¿Para qué habéis venido tú y tus hombres? – respondió la señorita Jeffrey con un deje de desprecio en la voz. Parecía que a la señorita Jeffrey se le estaba presentando algún problema por culpa de ese hombre.
- Para ofrecerte un acuerdo, que personalmente creo que deberías aceptar…por tu bien y el de tus niñas… - la amenaza cada vez se hacía más palpable en su tono de voz.
- De acuerdo, entra en mi despacho, pero ninguno de los despojos humanos de tus hombrecillos les pondrán ni un solo dedo encima a mis chicas…sino yo misma me encargaré de hacérselo pagar caro – respondió duramente mientras se dirigían hacia la salida del comedor.
- Dios, como desearía saber lo que van a hablar en ese despacho – le susurré a Eli.
La intriga me estaba consumiendo. Entonces Claudia apareció detrás de nosotras y dijo:
- Vamos a la habitación, ¡ya!
Subimos corriendo, saltando escalones de dos en dos y cuando estuvimos todas en la habitación Claudia nos explicó el por qué.
Tecleaba en el ordenador, para variar, mientras nos hablaba distraídamente:
- Ya sabéis que hay varios sistemas de vigilancia y seguridad a los alrededores del internado. Bien, la mayoría los he instalado yo y, sin que nadie se diese cuenta puse micro cámaras y micrófonos en el comedor, la entrada y…el despacho de la señorita Jeffrey.
- ¿Y a qué esperas? ¡Teclea rápido! – le urgí.
- Ya…casi…¡está! – respondió Claudia mientras en la pantalla del ordenador aparecían la señorita –Jeffrey y aquel hombre, Frank, sentados el uno enfrente del otro.
Nos agolpamos unas encima de otras sobre la cama de Claudia, acercándonos lo más posible para no perdernos ni un mísero detalle.
Frank hablaba con el mismo tono amenazador que ya había utilizado anteriormente:
- Mi querida señora, ya sabe que desde el gobierno nos gusta aceptar favores y, desde luego, como muestra de agradecimiento podríamos destruir ciertas pruebas recientemente adquiridas que la relacionan directamente con el robo a tres bancos y dos museos. Hace quince años no las conseguimos, pero ya sabe lo que avanza la tecnología…
- ¿Y qué pasa si me niego a haceros esos estúpidos favores? – amenazó la señorita Jeffrey.
- - Pues que sobre usted recaería todo el peso de la ley, seguramente cincuenta o sesenta años de cárcel; y al quedarse sin directora y con la propietaria en prisión el Estado se haría cargo de este…lugar. Lo más seguro: lo cerraríamos.
La perfecta cara de póker de la señorita Jeffrey era admirable, mientras en la habitación nos habíamos quedado blancas, asustadas, a la vez que ansiosas de ver el desarrollo de la situación.
- Digamos que accedo, ¿qué tendría que hacer? – preguntó la señorita Jeffrey, dándose por vencida.
- Me alegra que considere esa opción – sonrió enseñando unos feos dientes amarillos – Es muy fácil, usted y sus alumnas tendríais que entrar en unas bases subterráneas situadas al norte del país, una vez dentro tendríais que conseguir acceso al ordenador principal e introducir en él un gusano, a través del cual pudiéramos ver su información y controlar sus archivos.
- ¿Y por qué yo? ¿Por qué nosotras?
- Porque sois unas profesionales, allí tienen unas extremadas medidas de seguridad y tú, mi querida señora, y tus delincuentes en potencia sois las únicas que podéis conseguirlo.
- Habrá que establecer algunas condiciones como transporte, equipo y refuerzos. También necesitaremos mapas, planos de los sistemas de seguridad y el horario de relevos.
- Me parece razonable…
- Y, desde luego, desaparecerán mis antecedentes, al igual que los de todas mis alumnas – Frank puso una cara que expresaba a la perfección lo mucho que le desagradaba aquello último – y no es negociable.
- Trato hecho, la información le llegará mañana. Y ahora, si me disculpa, tengo asuntos que atender – se dirigió hacia la puerta y cuando agarraba el picaporte añadió – si fuera tan amable de liberar a mis hombres, nos marcharíamos encantados.
Claudia desactivó la cámara.
- Madre mía, este es un problema y de los gordos – se lamentó Lauren.
- Tenemos que ayudarla – dije decidida – somos buenas y no podrá hacerlo sola.
- Pero ¿y si fallamos? Cárcel y adiós internado – enfatizó Claudia aterrorizada.
- Viv tiene razón – intervino Eli – Ella ha hecho mucho por nosotras, nos lo ha dado todo. Se lo debemos.
- Además, si cierran Evest High tendremos que ir a sitios normales – comentó Nerissa – y creo que todas coincidimos en que este internado es mucho mejor.
- Asi que… ¿lo hacemos, no? – pregunté.
- Lo hacemos - dijo Eli.
- Lo hacemos - respondió Nerissa.
- ¡Pues claro! – dijo Lauren.
- Desde luego – se convenció Claudia.
- Pues en cuanto se vayan estos hombres iremos al despacho de la señorita Jeffrey a decirle que la acompañaremos.
Cuando el último de aquellos personajes cruzó el umbral de la puerta nos dirigimos al despacho de la señorita Jeffrey. Tímidamente golpeé la puerta.
- ¡Adelante! – respondieron desde dentro.
Abrí la puerta y nos encontramos a la señorita Jeffrey sentada en su alta butaca con los ojos cerrados y un vaso de wisky en la mano.
- Lo haremos con usted, señorita Jeffrey – dije al cerrarse la puerta.
- No esperaba menos de vosotras – respondió con una gran sonrisa y un brillo pícaro en los ojos
- Pero.. ¿cómo?...¿usted cómo sabía? – balbuceaba Claudia.
- No soy tonta, querida. Y tenéis potencial, mucho potencial.
- Así que… ¿nos dejará acompañarla? – preguntó Eli.
- Faltaría más, ya contaba con vosotras – dejó el vaso en la mesa y se levantó rodeando el escritorio, con paso firme y decidido se plantó ante nosotras – Mañana, antes de las clases venid a mi despacho, comenzaremos a organizarnos. Ahora id a descansar, hemos tenido bastantes emociones fuertes por una noche.
Salimos del despacho y regresamos a nuestra habitación, en ese mismo instante me sentía por los suelos, como si el mundo se hubiese puesto de acuerdo para golpearme una y otra vez, la determinación y la fuerza que me habían dominado aquella noche habían desaparecido.
- Vamos chicas, si apuramos, aún podemos dormir un par de horas – dijo Eli.
Ya en la cama y preocupada, me dirigí a Eli en voz baja.
- Eli…
- Dime.
- ¿Crees que todo va a salir bien?
- Sí, estoy segura – respondió en tono suave pero serio – si nos esforzamos y lo damos todo, esto va a salir de maravilla.
Cerré los ojos y auto convenciéndome una y otra vez, me quedé dormida.
*.*
ResponderEliminar