Desperté inquieta y algo sobresaltada; sentía que faltaba algo, de pronto caí en la cuenta: faltaba el molesto ruido del despertador. ¿Hasta qué hora habría dormido? Miré el reloj…Madre mía: ¡las diez y media! ¡Me había dormido el primer día de clase! Rápidamente me incorporé y las ví a todas completamente dormidas ¿Qué ocurría? ¿Ninguna tenía despertador? Llegué a la cama de Eli y la zarandeé para que se despertara.
- Eli; despierta Eli – le susurraba inquieta.
Al instante había una navaja apuntando hacia mí y la cara de Eli un tanto desconcertada.
- Por dios, eres tú – bajó la navaja – lo siento, ¿qué pasa? – preguntó adormecida.
- ¡Que nos hemos dormido! ¡Son las diez y media! – le contesté inquieta y un poco nerviosa por lo que acababa de vivir.
- Hey, tranquila. Te había dicho que este sitio mola, bajamos a desayunar sobre las once… Allí estamos un rato y luego vamos a clase – lo dijo como si fuera lo más normal del mundo y se dio la vuelta para seguir durmiendo.
Me pasa una cosa muy curiosa desde siempre, en cuanto me despierto, sea la hora que sea, no me puedo volver a dormir; así que decidí salir a explorar. Me vestí, me maquillé un poco y salí de la habitación sin hacer ruido.
Deambulé por las aulas, era un poco decepcionante, después de ver el resto del lugar y a mis compañeras las aulas parecían completamente normales. Di la vuelta para salir de allí y escuché una voz a mis espaldas.
- ¿Merodeando tan temprano? – dijo una voz fría y severa.